Se empiezan a escuchar voces en contra de la creación
de un Instituto Nacional Para la Evaluación de la Educación
(INEE). Los argumentos que se emplean van en la línea de que no se está
considerando a los maestros en los órganos de la Dirección de dicho Instituto
y que por lo tanto, un organismo de esta naturaleza representa una amenaza para
el Magisterio. Sin embargo, los dirigentes del propio Sindicato Nacional de
Trabajadores de la Educación, en su documento “Un Proyecto Educativo En
un Proyecto de Nación” (publicado en Reforma el 25 de septiembre del
2000) expresan en su punto sexto que la revisión de la educación y del sistema
educativo debe buscar “fortalecer los sistemas de evaluación, a efecto de
lograr un mayor aprecio por la educación pública y ubicar las deficiencias y
sus causas, para que las medidas correctivas sean más oportunas y eficientes.
La pertinencia y la objetividad de los sistemas de evaluación incrementarán,
no solo la calidad educativa, sino la confianza social en la educación pública.
En una notable declaración anterior del SNTE (Reforma
24 de noviembre de 1999) sus dirigentes se pronunciaban “por una educación
pública de calidad, apoyada a través de la creación de un sistema de
indicadores de la calidad educativa que permita a la sociedad contar con mayores
elementos para evaluar la educación pública y a las autoridades rendir cuentas
de su desempeño así como mejorar la planeación y distribución de recursos
educativos”.
Es
significativo que el SNTE aborde el tema de indicadores de la calidad; sin
embargo, reflexionemos sobre lo que implicaría el que fuesen los propios
maestros los que evaluen la calidad de la educación.
¨
En primer lugar, se haría caso omiso del principio
fundamental que establece que no se debe ser juez y parte en un proceso de
evaluación.
¨
Habría una tendencia natural de ocultar cualquier
deficiencia encontrada,
¨
Seguiría la política de no rendir cuentas de los
resultados educativos a la sociedad,
¨
Se daría preeminencia al sector magisterial
y se cerraría la participación de los padres de familia y autoridades
educativas en los procesos de evaluación.
¨
Las evaluaciones que así se obtuvieran carecerían de
toda credibilidad ya que la sociedad civil exige cada vez más que existan
organismos independientes en la evaluación de los organismos públicos y de las
empresas.
El
INEE que sería como un IFE educativo, a semejanza del IFE electoral, debe ser
de carácter ciudadano a fin de garantizar objetividad e imparcialidad. El
sector Magisterial y las autoridades educativas deberán participar en el
Consejo Consultivo de este Instituto de Evaluación pero no en el Consejo
Directivo ni en el Consejo Técnico
Cada
vez es más fuerte la corriente de opinión de nuestra sociedad que considera
como esencial para la vida democrática el derecho del ciudadano a ser informado
en relacióna la gestión pública. Hoy en día, son ya 15 los países que han
promovido leyes que garantizan al ciudadano el acceso a la información del
gobierno, con lo cual promueven la transparencia de su actuación. En México
Juan Ciudadano es el nombre de pluma de un grupo de personas preocupadas por el
derecho a la información.
Esperamos
que los Diputados y Senadores del Congreso, al evaluar este proyecto de creación
del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, consideren el papel
vital que representa para el avance de la educación y lo constituyan con un carácter
autónomo y ciudadano.
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