En educación la gran
asignatura pendiente del siglo XX, es la rendición de cuentas. Podemos
considerar a la rendición de cuentas el
nudo gordiano del sistema educativo. A partir de una rendición de cuentas podrían
realizarse las intervenciones necesarias para mejorar la parte cualitativa del
sistema educativo. Se puede reiterar que, sin desconocer el esfuerzo
cuantitativo, y sin cejar en él, es necesario emprender el esfuerzo en lo
cualitativo, ya que de ello depende que la educación rinda los beneficios que
se esperan de ella.
Es
necesario reconocer que aun cuando el ejercicio presupuestal fuese totalmente
transparente, no se garantizaría el control sobre la calidad de la educación y
subsistiría la necesidad de una instancia independiente de vigilancia
responsable de garantizar la rendición de cuentas; no se puede ser juez y parte
a la vez.
Otro
aspecto relacionado con la rendición de cuentas, se refiere a los fines y los
medios. Plantearé la cuestión de la siguiente forma: durante el siglo XX se ha
privilegiado en México la atención a los medios para la educación: cambios
curriculares, construcción de escuelas, libros de texto gratuito, etc.
También
se ha privilegiado la cantidad sobre la calidad: incremento de la matrícula,
habilitación y formación de profesores. Sin duda alguna todo esto ha sido
necesario, pero no suficiente.
Se
presentaron en el siglo que terminó situaciones repetitivas que obstaculizan el
avance sólido del sistema educativo, situaciones tales como el ritual del
desecho sexenal de la obra anterior, el cual ha generado discontinuidad en las
políticas públicas y la incapacidad del sistema para establecer visiones y políticas
a largo plazo, lo que ha impedido claramente la consolidación de la tarea
educativa.
En
el ámbito interno, después de una rígida centralización de las más
elementales decisiones, se ha planteado la “federalización”, es decir, la
transferencia a los estados de la gestión educativa, incluyendo el manejo de
los recursos humanos, materiales y financieros.
Teóricamente
el gobierno federal tendría que conservar un papel normativo y de control para
que la educación nacional mantuviera una dirección, en forma tal que no se
inhiba la innovación educativa ni la enseñanza de lo regional y lo estatal,
las que no pueden ser dictadas desde el centro político.
Este
aspecto ha sido obstaculizado por
la centralización de las decisiones, dado que los estados han tenido que seguir
los planes y designios fijados desde el centro. Esto nos habla de que la ejecución de la normatividad y de
su control pueden llegar a tener un efecto incapacitante, que se acentúa si se
las ejerce exclusivamente sobre los medios.
Lo
racional sería normar y controlar los fines, lo cual sería básico par la
rendición de cuentas. Pero ¿Quién puede asumir la responsabilidad de
determinar los fines? La respuesta automática será: la sociedad. Sin embargo
“sociedad” es un concepto abstracto y la respuesta necesita ser concreta y
responder a la pregunta; en lo personal pienso que debe ser un órgano de
representación social y no veo otro sino el Congreso de la Unión.
El
Poder Legislativo tendría dentro
de su tramo de acción política la normatividad de algo que es estratégico
para el bienestar nacional y para la inserción del país en el contexto
globalizado, como lo es el sentido de la educación. Esto daría lugar a algo
inusitado en México, la prescripción por ley de los estándares del
aprendizaje de los alumnos, para que la educación tenga el carácter de
nacional.
Para
que el Congreso legislara al respecto sería necesaria la conformación de
entidades consultivas, que en una visión preliminar podría ser el Consejo
Nacional Técnico de la Educación, dotado de autonomía respecto al poder
Ejecutivo. Este consejo necesitaría ampliarse con una representación de Órganos de la sociedad civil.
Finalmente
diremos que la definición de estándares de la educación es un ejercicio
necesario; es una nueva tarea, de decir, no se ha hecho y esto puede tener una
influencia sustantiva sobre la calidad y sobre la rendición de cuentas. Su
efecto principal sería aportar guías
estables, transexenales para darle continuidad a las acciones educativas y
permitir la consolidación de estas. De estos estándares se podrían derivar
los métodos e instrumentos de medición, a nivel nacional, que focalizarían
los puntos de intervención y, por que no, la posibilidad de eliminar los dos Méxicos:
el del norte y el del sur.
Terminaré citando lo que recientemente mencionó el rector de la Universidad de Guadalajara: “lo que se controla se hace y lo que no se mide, no se controla”. Si se quiere mejorar la educación es necesario hacer una medición rigurosa y válida.
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Colaboración del IFIE (Instituto de Fomento e Investigación Educativa, A.C., para encontrar más información del Instituto visite en su página Web: www.ifie.edu.mx)
(*)El autor es el presidente del Instituto de Evaluación en Gran Escala y miembro del Consejo Académico del Instituto de Fomento e Investigación Educativa, A.C.
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