(PARTE 2)

José Manuel Alvarez Manilla(*)

Una asignatura pendiente: la rendición de cuentas.

En educación la gran asignatura pendiente del siglo XX, es la rendición de cuentas. Podemos considerar a la rendición de cuentas  el nudo gordiano del sistema educativo. A partir de una rendición de cuentas podrían realizarse las intervenciones necesarias para mejorar la parte cualitativa del sistema educativo. Se puede reiterar que, sin desconocer el esfuerzo cuantitativo, y sin cejar en él, es necesario emprender el esfuerzo en lo cualitativo, ya que de ello depende que la educación rinda los beneficios que se esperan de ella.

 

Es necesario reconocer que aun cuando el ejercicio presupuestal fuese totalmente transparente, no se garantizaría el control sobre la calidad de la educación y subsistiría la necesidad de una instancia independiente de vigilancia responsable de garantizar la rendición de cuentas; no se puede ser juez y parte a la vez.

 

Los fines y los medios.

 

Otro aspecto relacionado con la rendición de cuentas, se refiere a los fines y los medios. Plantearé la cuestión de la siguiente forma: durante el siglo XX se ha privilegiado en México la atención a los medios para la educación: cambios curriculares, construcción de escuelas, libros de texto gratuito, etc.

 

También se ha privilegiado la cantidad sobre la calidad: incremento de la matrícula, habilitación y formación de profesores. Sin duda alguna todo esto ha sido necesario, pero no suficiente.

 

Obstáculos innegables.

 

Se presentaron en el siglo que terminó situaciones repetitivas que obstaculizan el avance sólido del sistema educativo, situaciones tales como el ritual del desecho sexenal de la obra anterior, el cual ha generado discontinuidad en las políticas públicas y la incapacidad del sistema para establecer visiones y políticas a largo plazo, lo que ha impedido claramente la consolidación de la tarea educativa.

 

En el ámbito interno, después de una rígida centralización de las más elementales decisiones, se ha planteado la “federalización”, es decir, la transferencia a los estados de la gestión educativa, incluyendo el manejo de los recursos humanos, materiales y financieros.

 

Teóricamente el gobierno federal tendría que conservar un papel normativo y de control para que la educación nacional mantuviera una dirección, en forma tal que no se inhiba la innovación educativa ni la enseñanza de lo regional y lo estatal, las que no pueden ser dictadas desde el centro político.

 

Este aspecto ha sido  obstaculizado por la centralización de las decisiones, dado que los estados han tenido que seguir los planes y designios fijados desde el centro.  Esto nos habla de que la ejecución de la normatividad y de su control pueden llegar a tener un efecto incapacitante, que se acentúa si se las ejerce exclusivamente sobre los medios.

 

Normar y controlar los fines.

 

Lo racional sería normar y controlar los fines, lo cual sería básico par la rendición de cuentas. Pero ¿Quién puede asumir la responsabilidad de determinar los fines? La respuesta automática será: la sociedad. Sin embargo “sociedad” es un concepto abstracto y la respuesta necesita ser concreta y responder a la pregunta; en lo personal pienso que debe ser un órgano de representación social y no veo otro sino el Congreso de la Unión.

 

El Poder Legislativo  tendría dentro de su tramo de acción política la normatividad de algo que es estratégico para el bienestar nacional y para la inserción del país en el contexto globalizado, como lo es el sentido de la educación. Esto daría lugar a algo inusitado en México, la prescripción por ley de los estándares del aprendizaje de los alumnos, para que la educación tenga el carácter de nacional.

 

Para que el Congreso legislara al respecto sería necesaria la conformación de entidades consultivas, que en una visión preliminar podría ser el Consejo Nacional Técnico de la Educación, dotado de autonomía respecto al poder Ejecutivo. Este consejo necesitaría ampliarse con una representación de Órganos de la sociedad civil.

 

Finalmente diremos que la definición de estándares de la educación es un ejercicio necesario; es una nueva tarea, de decir, no se ha hecho y esto puede tener una influencia sustantiva sobre la calidad y sobre la rendición de cuentas. Su efecto principal sería  aportar guías estables, transexenales para darle continuidad a las acciones educativas y permitir la consolidación de estas. De estos estándares se podrían derivar los métodos e instrumentos de medición, a nivel nacional, que focalizarían los puntos de intervención y, por que no, la posibilidad de eliminar los dos Méxicos: el del norte y el del sur.

 

Terminaré citando lo que recientemente mencionó el rector de la Universidad de Guadalajara: “lo que se controla se hace y lo que no se mide, no se controla”. Si se quiere mejorar la educación es necesario hacer una medición rigurosa y válida.

 

 

-------------------------------------------------

Colaboración del IFIE (Instituto de Fomento e Investigación Educativa, A.C., para encontrar más información del Instituto visite en su página Web: www.ifie.edu.mx)

(*)El autor es el presidente del Instituto de Evaluación en Gran Escala  y miembro del Consejo Académico del Instituto de Fomento e Investigación Educativa, A.C.

 

 

email: ifiemex@yahoo.com.mx
Av. de la Paz 57, local 35,
San Angel, México D.F.
Teléfono: (015) 550 96 19
Tel/Fax:(015) 550 64 31