Los
resultados de los exámenes que aplica el Centro Nacional de Evaluación
(CENEVAL) a los egresados de
secundaria que aspiran a ingresar al nivel medio superior han sido históricamente
muy bajos ( medias inferiores al 50% de
aciertos ). Lo anterior nos impulsa a mejorar substancialmente la calidad de la
educación básica de nuestro país.
Las
causas del bajo rendimiento escolar se encuentra en los siguientes factores:
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Ausencia de una cultura de evaluación educativa que informe a las
escuelas y a los padres del desempeño académico.
El
gobierno debe establecer mecanismos de vigilancia mediante evaluaciones
estandarizadas basadas en el cumplimiento de normas, conocimientos, valores,
actitudes, competencias, habilidades intelectuales, hábitos... logrados por los
planteles en un determinado periodo de tiempo. Esto permitirá contar con los
elementos necesarios para la toma de decisiones y establecimiento de estrategias
para lograr metas a corto y mediano plazo, y atacar las deficiencias
encontradas. Con la evaluación estandarizada se podrá comparar el servicio que
brindan las instituciones en base a criterios con validez universal.
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Insuficiente participación de los padres de familia y de la sociedad en
general, en la educación.
El escaso interés y participación
de los padres en la vida escolar se debe, en parte, a que los mecanismos
formales (asociaciones de padres y consejos de participación social) son prácticamente
inoperantes, y a que los padres no estamos informados del desempeño de la
escuela en su conjunto. El contar con adecuada información permitiría comparar
los resultados de la escuela de nuestros hijos con otras de la localidad y
estado y en esta forma tener elementos para exigir una mejor educación.
Los padres deberían tener la libertad de escoger el servicio educativo en base al rendimiento académico. Sí el gasto público para educación se dirigiera a los padres de familia, otorgándoles el poder de decisión, se estaría financiando la educación por parte de la demanda. El Banco Mundial ya apoya programas que financian de esta manera; entre otros, está el de “Vouchers Educativos”, donde el financiamiento sigue al escolar, equivale a un subsidio en forma de estampas, o a través de la escuela que escoja. Esto provocaría competencia entre planteles, estimularía la participación de la sociedad y mejoraría la rentabilidad de la innovación en la educación.
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Limitadas capacidades de decisión de los directores de las escuelas públicas.
Hoy las limitaciones de las escuelas no permiten que los directores ejerzan su juicio profesional ni su creatividad en el mejoramiento de la educación. Tienen escaso o nulo control sobre remuneración o selección de su personal y carecen de recursos para contratar servicios de apoyo o experimentar con nuevas técnicas pedagógicas. La responsabilidad es difusa y se dificulta aún más por la ausencia de exámenes estandarizados. Tampoco la manera en que interactúan gobierno, sindicatos y maestros, conduce a resultados satisfactorios.
Información,
Participación y Autonomía Escolar forman el trimonio indispensable para
transformar a los padres en usuarios informados y exigentes, y a las escuelas en
organizaciones eficientes y responsables ante la sociedad.
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