Lic. Pablo Escandón Cusi, Presidente del Consejo Directivo
Hace diez años,
cuando se fundó el Instituto de Fomento e Investigación Educativa, A. C., el
mundo y el México en que vivíamos era bastante distinto. De hecho, vivíamos
en otra época. Se podría argumentar -con razón- que una década es un periodo
demasiado breve en la historia de los pueblos. Sin embargo, en el transcurso de
estos años dejamos atrás muchos de los paradigmas y modelos que rigieron los
sistemas políticos, económicos y sociales a nivel internacional, regional o
local. Bastaría recordara que en 1989 se derrumbó el muro de Berlín y, poco
después, desapareció el campo socialista y se desintegró la Unión
Soviética, terminando el peligroso ciclo de la Guerra Fría. En 1991, la Guerra
del Golfo marcó un punto de giro en materia de las confrontaciones
internacionales, cuando a la concertación de potencias occidentales se agregó
el empleo de la más sofisticada tecnología militar y la difusión -en vivo y
en directo- de los acontecimientos reales para una televisión de cobertura
mundial. Por otra parte, en
cortísimo plazo hemos visto transitar los gobiernos de la izquierda a la
derecha, y a la inversa, aparentemente en busca de un centro de equilibrio
todavía impreciso. La globalización de la economía, las finanzas, y hasta de
las formas culturales, ha impuesto una cada vez más clara comprensión de la
circunstancia planetaria de la humanidad. A ello debe agregarse el hecho de que
las crisis y las dificultades económicas han dejado de ser fenómenos
particulares de un país o de una región, como lo demuestra -entre otras- la
todavía no resuelta crisis asiática. En estos diez años
la ciencia y la técnica han dado pasos sorprendentes. La red mundial, el
Internet, era en 1988 un medio incipiente, y hoy es una realidad cotidiana que
comunica decenas de millones de personas en los más distantes lugares del
mundo. La clonación de una oveja demostró ejemplarmente la capacidad alcanzada
por el hombre para manipular el profundo misterio de la vida mediante la
ingeniería genética, con todas sus implicaciones éticas. Estos y otros muchos
acontecimientos demuestran, en resumen, que a fines de los años ochenta y
comienzos de los noventa, incluso sin que nos hubiéramos percatado plenamente,
el siglo XX se terminó. Se acabó una época histórica y entramos en otra
diferente. México también ha
cambiado mucho. Hemos vivido una década de sucesivas y casi siempre
traumáticas transformaciones. Por conocidos, me limitaré a señalar el
complejo y aún sin concluir proceso de democratización de nuestra sociedad; el
Tratado de Libre Comercio de América del Norte; la guerrilla en Chiapas; los
asesinatos políticos, y la grave crisis económica de 1994. Es cierto que
todavía no podemos decir que ha habido entre nosotros un cambio cualitativo a
todos los niveles. Pero el México de 1998 no es igual, ni marcha de la misma
forma que el de los dos lustros atrás. El país se ha movido, hay algo
diferente en nuestra sociedad. Me he detenido en
estos contextos, porque al hablar del Instituto de Fomento e Investigación
Educativa es preciso recordar que se trata de una institución creada justamente
para coadyuvar a la transición entre periodos históricos. Lo que realmente
determina el cambio de una época a otra no es el decursar de los años, sino el
salto cualitativo en los conocimientos y la capacidad del hombre para apropiarse
y recrear el mundo. El paso de la Edad Media al Renacimiento, por ejemplo, no se
podría explicar sin considerar el papel de las nacientes universidades
europeas, entre otros factores. El Siglo de las Luces demostró, por primera vez
en la historia, la necesidad de generalizar la enseñanza. La era de la
industrialización y los avances del siglo XX no hubieran sido posibles sin la
alfabetización masiva de los trabajadores y la elevación posterior de su nivel
de instrucción y calificación. Una de las causas plenamente identificadas del
subdesarrollo, de no menor importancia que las económicas, es el retraso
educativo. El Instituto de
Fomento e Investigación Educativa se propuso contribuir a ese cambio de fondo,
trascendente, que modifica las condiciones existentes y genera un progreso
cualitativo hacia un estadio superior. No se trataba de investigar lo ya
conocido, sino lo poco conocido o por conocer. No se quería fomentar la
práctica o la extensión de modelos tradicionales o en uso, sino la detección
y puesta en vigor de alternativas más eficaces. No se pretendía evaluar,
discutir o certificar políticas oficiales o de instituciones privadas, sino
influir, con propuestas fundamentadas, en los procesos de modificación y
adopción de nuevas políticas. Su misión, en fin, era y es la de contribuir al
mejoramiento continuo de la educación pública y privada en México, aportando
elementos de juicio, informaciones, trabajos investigativos, reflexiones y
estudios encaminados a promover el cambio, la innovación y la excelencia a
nivel nacional. Diez años después,
podemos decir que el IFIE no sólo ha cumplido con eficacia esa misión, sino
que también ha demostrado las posibilidades de una institución civil pequeña,
sin un gran aparato administrativo, pero altamente calificada y responsable, de
buscar y divulgar propuestas y soluciones a cuestiones de interés nacional,
particularmente en aspectos estructurales y de fondo que inciden sobre el
sistema educativo en su conjunto. En algunos casos, por ejemplo en lo referido a
la educación en valores, desempeñó un papel pionero que, afortunadamente,
coincidió y encontró eco en numerosos especialistas, maestros e instituciones
públicas y privadas. En otros, como en lo relativo a la economía de la
educación, le tocará próximamente abrir un espacio de reflexión y debate
sobre el uso eficiente de los recursos en este sector. El trabajo del IFIE
ha tenido siempre una alta calidad científica, razón por la cual el Comité
Interno de Evaluación del Registro Nacional de Instituciones Científicas y
Tecnológicas del CONACyT, le otorgó, el 26 de octubre del presente año, el
correspondiente Registro, de conformidad con los requisitos señalados por la
Ley para Coordinar el Desarrollo Científico y Tecnológico. Debo señalar que,
para obtener este Registro, es necesario presentar y acreditar ante el CONACyT
un conjunto de documentos, tales como copias de los proyectos de investigación
realizados y la curricula sintetizada de los principales investigadores, de cuyo
cuidadoso examen y evaluación se decide o no la referida inscripción. Este
registro constituye un importante reconocimiento a la seriedad y la calidad
científica de nuestro Instituto, que es una de las pocas instituciones no
gubernamentales dedicadas a la investigación en diversas área de la
educación, a nivel nacional. El Registro significa también un estímulo y un
compromiso para continuar desarrollando investigaciones y trabajos científicos
en beneficio de México. He dicho
anteriormente que el IFIE se creó para coadyuvar e impulsar el cambio en el
sector educativo. A eso ha contribuido el esfuerzo de estos años, que abarca la
creación y el otorgamiento de Premios Nacionales para investigaciones y
experiencias relevantes en la educación en valores, la escuela, la familia y la
sociedad, y la calidad de la educación básica. Asimismo, la celebración de
diversos Foros Internacionales ha propiciado el intercambio de experiencias
entre investigadores, especialistas y maestros de México y de otros países y
organismos internacionales. Pero el conjunto de éstas y otras importantes
actividades que ha realizado el IFIE no tienden exclusivamente, en mi opinión,
a propiciar el cambio en nuestra educación. Creo que tienen un alcance mayor:
están abriendo el camino para pasar del cambio de la educación, a la
educación para el cambio. Es aquí donde me
gustaría retomar los contextos generales que mencioné al principio. Porque si
bien el mundo y el México en que vivimos ha cambiado mucho en una decena de
años, lo verdaderamente significativo es la velocidad y la magnitud de los
cambios que se están dando en estos mismos momentos. Más aún: lo muchísimo
que se cambiará en la próxima década. En consecuencia, nuestra preocupación
fundamental no debería dirigirse solamente a la sustitución, modificación o
perfeccionamiento de determinadas políticas o modelos educativos, sino también
a preparar las condiciones para que constantemente se sustituyan, modifiquen y
perfeccionen. La idea no termina con la propuesta y aplicación de nuevas
estructuras, métodos y sistemas más eficientes que los actuales, sino que
implica asimismo la promoción de una actitud de apertura permanente al cambio
positivo. La educación del futuro -y no me refiero a un futuro lejano, sino a mañana mismo- debe ser estructuralmente flexible, profundamente centrada en la persona, y eficazmente preparada para el cambio. Esto quiere decir que la tarea que tiene por delante el IFIE es acaso más compleja y trascendente que la realizada hasta ahora. No se tratará solamente de investigar lo poco conocido, sino de estimular además el afán de investigación incluso de lo desconocido. No se querrá únicamente fomentar la búsqueda y puesta en práctica de alternativas más eficaces, sino que se propiciará asimismo su generalización y revisión crítica y sistemática. No se limitará a influir, con sus propuestas, en la adopción de nuevas políticas educativas, sino que colaborará con otras instituciones públicas y privadas para que esas nuevas políticas se apliquen, se evalúen y se renueven cuando se necesario. Tendrá, entonces, que ayudar a vencer la resistencia al cambio, que ha sido y es tremendamente fuerte, pero que sin duda se acrecentará cuando se demuestre, por ejemplo, que una verdadera educación de calidad no tiene porqué ser más cara, ni requiere de una voluminosa carga burocrática.
Educar para el cambio y luchar contra la resistencia al cambio, he ahí dos grandes retos de la educación mexicana. En esa encrucijada seguirá inscrita la misión del IFIE: contribuir al mejoramiento, la innovación y la excelencia educativa. Para su cumplimiento, seguirá las siguientes estrategias:
1. Profundizar y ampliar las líneas de investigación y los trabajos realizados Por su importancia, me gustaría recordar cuáles son estas líneas: - educación en los
valores y del carácter 2. Mantener el alto nivel científico alcanzado, acreditado ante el CONACyT, y promover la diseminación de los resultados de sus investigaciones. 3. Apertura y
desarrollo de nuevas líneas de investigación, de conformidad con las
experiencias y avances nacionales e internacionales. Aquí se podrían
incorporar trabajos relacionados con las tendencias más actuales en
tecnologías educativas, estudios regionales; estudios de casos, y otras
investigaciones que demande el propio desarrollo del sistema educativo. 5. Promover el desarrollo de experiencias conducentes a encontrar modelos y métodos alternativos. Propiciar asimismo la difusión y generalización de las experiencias más significativas. 6. Mejorar los medios y mecanismos que faciliten y amplíen la influencia del IFIE en el proceso de adopción de políticas nacionales. 7. Desarrollar
actividades encaminadas a promover la mayor participación del sector privado y
la sociedad civil en el esfuerzo por elevar la calidad del sistema educativo
mexicano. Estas siete
estrategias no agotan, por supuesto, el marco del trabajo del IFIE que, para ser
consecuente con lo postulado, tendrá que estar atento a lo nuevo, preparado
siempre para transformarse a sí mismo e influir en la transformación de los
demás. Su trabajo futuro será cada vez más importante para la educación
mexicana, que necesita el máximo apoyo de las instancias gubernamentales, del
sector privado, las instituciones civiles, las iglesias, los padres de familia
y, en general, de toda la ciudadanía. Para dar su modesta pero entusiasta y
comprometida contribución al esfuerzo común y enorme que necesitamos hacer en
la educación, seguirá estando otros diez años, por lo menos, el Instituto de
Fomento e Investigación Educativa. Esta Institución, que es nuestra, para los
mexicanos, contará con los generosos apoyos de su Patronato y de muchos que,
aún perteneciendo a otros sectores, saben que con la educación -y
principalmente ahí- se definirá realmente el México que queremos. En los próximos diez
años veremos al IFIE seguir avanzando y consolidándose en su campo de acción.
Veremos evolucionar también la globalización y posiblemente nuevas formas de
acercamiento, diálogo y colaboración entre los pueblos. Ésta es nuestra
esperanza. Pero queremos ver también un México educado, culto, capaz de
resolver sus conflictos y desproporciones económicas y sociales. Queremos ver un México digno, pacífico que, mientras más cambie, más auténticamente sea nuestro México. Para eso también está el IFIE y por eso nos hemos reunido hoy aquí. No para el recuento de lo que se hizo, sino para el análisis de lo que debemos hacer. No para recordar, sino para ponernos a trabajar con más ahínco.
Muchas gracias. |
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