Educación: cuentas claras |
| Por Pablo
Escandón Cusi REFORMA |
(26 Septiembre 1999).- Análisis En México, si bien existe la obligación de las autoridades educativas de dar a conocer a los maestros, alumnos, padres de familia y a la sociedad en general, los resultados de las evaluaciones que realicen, así como la demás información global que permita medir el desarrollo y los avances de la educación en cada entidad federativa (Artículo 31 de la Ley General de Educación), muy poco se ha avanzado en el cumplimiento de este precepto. En la actualidad, estamos observando una creciente tendencia a que las naciones y sus gobiernos se cuestionen sobre la calidad y eficacia de sus sistemas de educación básica. Dichas interrogantes oscilan desde el financiamiento que debe ser asignado a las escuelas públicas, hasta el grado de participación de los padres de familia en la vida escolar. En este mismo tenor, se ha comenzado a mirar con creciente interés el surgimiento de estándares educativos (nacionales, estatales y municipales) como instrumentos que permiten conocer la verdadera situación académica de alumnos y docentes, facilitando así emprender acciones que puedan subsanar debilidades y mantener sus fortalezas. Si bien la realización de exámenes diseñados a partir de estándares nacionales ya es en sí un hecho significativo, su impacto se vería limitado si no se contara con una amplia difusión de sus resultados dentro de la comunidad. Por tanto, un elemento que puede coadyuvar a la comunicación social de estas pruebas escolares es el uso de "reportes de desempeño". Estos documentos se basan en el supuesto de que ayudan a mejorar la educación al proporcionar a la colectividad mejor información, incentivando a la acción a aquellos con bajo desempeño e inspirando a los padres para aumentar sus niveles de participación. Apoyan también a los padres en su elección de escuela y aseguran a los contribuyentes que su dinero está bien empleado. Lo anterior no es nada despreciable, si consideramos la cantidad de recursos destinados a actividades educativas. De este modo, el gasto público como porcentaje del Producto Interno Bruto fue de 5.2 por ciento durante 1998, mientras que como proporción del gasto gubernamental programable, alcanzó el nivel de 25.5 por ciento durante el mismo periodo. Estas cifras hacen que sea inadmisible que no se difundan ampliamente los resultados de la acción educativa a cargo del Estado. Dada la importancia de que la sociedad conozca la información que resulta de los procesos de evaluación, a continuación se describen algunos lineamientos y estrategias que facilitarán a las autoridades su labor de difusión: --Establecer estándares nacionales de conocimientos y de habilidades que deben adquirirse en cada grado escolar, y darlos a conocer a los padres de familia y a la sociedad en general. Dichos estándares permitirían homologar las evaluaciones de alumnos y de sus escuelas, proporcionando una base común de referencia, que facilite en primer término las comparaciones inter-escolares (municipales, estatales y a nivel nacional) y, en segundo lugar, identifiquen las fortalezas y áreas de mejora que propicien el desarrollo continuo de los planteles educativos. --Desarrollar una campaña de información a través de los medios de comunicación, previa a la difusión de los resultados de las evaluaciones. El objetivo sería enfatizar el derecho a la información de los padres y la sociedad en general; y promover actitudes de colaboración, pero también de exigencia, en relación a los servicios educativos que reciben sus hijos. --Llevar a cabo una amplia consulta a las asociaciones de padres de familia acerca de la información que deberían de contener los reportes sobre el desempeño de las escuelas. De esta forma, sería posible alcanzar un diseño de reporte con un enfoque de mercado, es decir, que responda auténticamente a las demandas de los padres de familia, reflejando integralmente la situación que guardan sus hijos y las escuelas que los educan. --Utilizar una amplia gama de distribución de los reportes, tales como correo, centros de reunión comunitarios (iglesias, mercados, plazas públicas), así como medios de comunicación masiva e Internet. Asimismo, es de suma importancia que los reportes de desempeño orienten y motiven a los padres de familia sobre cómo exigir mejoras en la operación de las escuelas, especialmente en las áreas en las que se detectaron deficiencias. Por tanto, se debe sugerir a los padres que comenten estos reportes con otros padres, y busquen nuevas formas de participación y colaboración con la escuela tendientes a mejorarla. Es necesario destacar que la transparencia y la rendición de cuentas en la gestión pública, son características propias de una sociedad democrática. Sólo mediante una amplia difusión sobre el uso de los recursos públicos, los ciudadanos mexicanos podrán contar con mayores elementos para participar en la toma de decisiones sobre su utilización. Así, una estrecha vigilancia de la actuación gubernamental facilitará la prevención de dispendios y favorecerá una mayor claridad en el desempeño de las autoridades escolares. La rendición de cuentas es un paso natural y necesario en el proceso evolutivo de toda sociedad. La división del trabajo entre los integrantes de una comunidad sólo puede ser eficaz, si va acompañada de una justa asignación de responsabilidades, las cuales deben ser supervisadas constantemente para realizar los ajustes necesarios y evitar deterioros irreparables. Así, la rendición de cuentas de nuestro sistema educativo sentará las bases para el fortalecimiento de una cultura de participación ciudadana, caracterizada por una verdadera corresponsabilidad e involucramiento de la sociedad en una tarea que es impostergable: la educación que haga posible la igualdad de oportunidades entre todos sus hombres y mujeres. El autor es Presidente del Consejo Directivo del Instituto de Fomento e Investigación Educativa, A.C. |
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