Gasto 'versus' calidad

Por Pablo Escandón Cusi

REFORMA

(06 Diciembre 2002).-

La Cámara de Diputados aprobó en días recientes un aumento progresivo del gasto educativo de tal forma que crezca del 5.5% (incluyendo el gasto en educación de los estados) del PIB a un 8% en un periodo de cuatro años. Esto implica una tasa del crecimiento del 13.3% anual compuesta en el % del PIB destinada a educación.

Si vamos a gastar en educación como lo hacen los países del primer mundo, debemos exigir resultados educativos similares a los de estos países. La asignación de recursos para mejorar la calidad educativa es el punto toral de esta problemática. Recordemos que un mayor gasto no garantiza resultados. Debemos invertir en aquellas áreas que ofrezcan un mayor potencial de mejorar la calidad educativa.

Una de las áreas que ha sido descuidada por décadas es la inversión educativa. Como resultado de una política de asignar una mínima parte del presupuesto educativo a la infraestructura educativa (porcentajes menores al 3.5%) se tienen escuelas públicas en pésimas condiciones en las que difícilmente se puede llevar a cabo una labor educativa eficaz. Es indispensable que se asigne un importante porcentaje de incremento del gasto educativo a la inversión en instalaciones y equipo.

Una segunda área de oportunidad para mejorar la calidad educativa a corto plazo es invertir en el Programa de Escuelas de Calidad. En el año 2002 el programa tiene un presupuesto de mil 600 millones de pesos y sus requerimientos crecerán año con año, estimándose que para el año 2006 necesitará una inversión de 10 mil millones de pesos.

Finalmente, una tercera área de oportunidad es la capacitación de los maestros en el uso de las nuevas tecnologías de información y comunicación. No es suficiente el dotar a las escuelas de computadoras y acceso a Internet, se requiere que maestros y alumnos utilicen estas herramientas en forma creativa, para el desarrollo de la inteligencia.

El reciente constituido Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación debe vigilar que los nuevos recursos sirvan para mejorar efectivamente la calidad de los procesos educativos y los resultados académicos de las escuelas. No debemos permitir el desperdicio de estos recursos; debemos exigir que se rindan cuentas de su uso. Sólo así evitaremos la brecha entre gasto y resultados educativos.

 

El autor es presidente del Instituto de Fomento e Investigación Educativa.

 


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