¿Competencia o complacencia?

Por Pablo Escandón Cusi

REFORMA

(19 Febrero 2003).-

 Toda evaluación institucional conlleva una comparación de los resultados alcanzados por una escuela contra:

 - Un estándar nacional o internacional de desempeño educativo. 

- El nivel de desempeño alcanzado por otras escuelas similares que prestan el mismo tipo de servicio educativo. 

- Los resultados alcanzados por la misma escuela en el pasado. 

- Los resultados promedio de todas las escuelas de un municipio, estado o país.

 

De todas las posibles comparaciones arriba mencionadas, la que mueve más hacia la acción es la que considera los resultados alcanzados por escuelas semejantes en nivel socioeconómico, especialmente si se obtuvieron resultados inferiores a los de estas escuelas.

Asimismo, esta información es la que más interesa a los padres de familia porque les abre opciones de escuelas en las que sus hijos podrían recibir una mejor educación y aun si esto no fuera posible por lejanía o cupo, la información les da elementos para exigir que se mejoren los resultados de la escuela a la que asiste su hijo.

Se puede argumentar que se exhibe y castiga a las escuelas de bajos rendimientos académicos; sin embargo, recordemos que toda evaluación debe tener consecuencias si deseamos que sirva para mejorar la calidad de la educación. Por otra parte, si se sigue la política de no publicar los resultados de las evaluaciones de las escuelas comparando unas con otras se comete la injusticia de no reconocer el esfuerzo de las escuelas que han logrado los mejores resultados.

Por otra parte, también se argumenta que la mejor comparación es de la escuela con ella misma. Así, se afirma que debemos aplaudir los esfuerzos de aquella escuela que incrementa su rendimiento promedio de un año a otro de un 35 por ciento de aciertos a un 50 por ciento ya que ha logrado un 42 por ciento de mejora. Comparemos lo anterior con la escuela que logra pasar de un 80 por ciento de promedio de aciertos a 90 por ciento por lo que su porcentaje de mejora fue sólo de 12.5 por ciento. Como padres de familia, ¿en cuál de estas escuelas desearían ustedes que recibiese educación su hijo? Sin duda en la que tiene un rendimiento promedio de 9 y es a esta escuela a la que debemos dar mayor reconocimiento. Recordemos un principio fundamental del desempeño de cualquier sistema: se requiere un esfuerzo proporcionalmente mayor al pasar de un nivel de desempeño a otro más elevado en la medida en que nos acercamos al desempeño óptimo. Así, pasar de un 35 por ciento a un 50 por ciento de aciertos en las pruebas es relativamente fácil ya que la escuela tiene muchas áreas en las que puede mejorar. En cambio, una escuela con alto rendimiento tendrá que esforzarse mucho más para lograr un mayor número promedio de aciertos ya que sus profesores y alumnos están satisfechos con el nivel de desempeño alcanzado y sólo estarán dispuestos a un esfuerzo mayor cuando se den cuenta de que existen otras escuelas que las superan.

El problema fundamental es el pensar que la mejor forma de comparar resultados es contra resultados alcanzados en el pasado por la misma escuela. Esta forma de autoevaluación puede conducir a la autocomplacencia ya que la institución se cierra en sí misma y no aprende de escuelas que alcanzan mejores desempeños. Esta práctica es contraria a una verdadera rendición de cuentas ya que al ciudadano le interesa conocer los resultados de las escuelas en base a cifras comparativas ("ratings") para poder exigir un mejor desempeño a las escuelas de bajo rendimiento.

Resulta incomprensible que se proponga el anonimato en la difusión de los resultados educativos. La educación es tan importante como la salud y cuando nos enfermamos buscamos siempre recibir los servicios del médico más calificado porque no queremos correr riesgos con médicos inexpertos o poco éticos. Lo mismo ocurre con la educación, necesitamos saber cuáles son las mejores escuelas porque está en juego el futuro de nuestros hijos.

En esta etapa de despegue del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE) es muy importante que se defina una política de difusión de los resultados de las evaluaciones que considere en primer término los intereses de la sociedad civil y que reporte, por lo tanto, resultados escuela por escuela.

 

El autor es presidente del Consejo Directivo del Instituto de Fomento e Investigación Educativa, A.C.

 

 

 

 

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